Edición dedicada a Manuel de Falla

XXVIII EDICIÓN 2026

Edición dedicada a Manuel de Falla

MANUEL DE FALLA

El 23 de noviembre de 1876, en la ciudad de Cádiz, nace el compositor Manuel de Falla y Matheu. Considerado una de las figuras musicales más importantes del siglo XX español, Falla otorgará a la música española una identidad propia y un carácter de universal.

De madre catalana y padre valenciano, Falla nace en el seno de una familia acomodada de fuertes convicciones religiosas. Recibe las primeras lecciones de piano de parte de su madre hasta los 9 años, cuando comienza los estudios musicales con la pianista Eloísa Galluzo, amiga de la familia. Continúa su formación recibiendo clases de armonía y contrapunto a la vez que se introduce en los círculos culturales gaditanos, donde conoce las obras de los grandes compositores y comienza a dar sus primeros recitales. Pero no sólo la música ocupa el tiempo de Falla, si no que es un gran apasionado de la literatura y el periodismo, aunque finalmente decide que su verdadera vocación es la música. Sin embargo su gusto por la escritura le acompañará toda su vida y ejemplo de ello es la gran cantidad de correspondencia que ha dejado como legado.

En 1896 decide continuar su formación musical fuera de Cádiz y marcha a Madrid donde tiene como maestro a José Tragó, catedrático del Real Conservatorio de Música y Declamación. Es allí donde Falla entra como alumno libre, terminando sus estudios de piano en 1899 obteniendo el primer premio. Comienza entonces su época de mayor actividad como concertista, dando recitales en Madrid y Cádiz, donde empieza a dejar ver sus primeras composiciones. Son pequeñas obras como su Nocturno, de gran influencia chopiniana, Canción o Vals-Capricho, todas dentro de un estilo posromántico. Destaca Serenata Andaluza donde muestra las semillas del lenguaje nacionalista que cultivará el resto de su vida. Sin embargo años más tarde Falla renegará de estas obras de juventud calificándolas incluso de tonterías.

En 1900 se muda con su familia a Madrid a los que mantiene dando clases de piano y armonía. Compone sus primeras obras fuera del piano como la canción Tus ojillos negros y se estrena en el campo de la zarzuela, con títulos como Los amores de la Inés, la única de todas sus zarzuelas que es llevada a los escenarios, o Limosna de amor. En su etapa madrileña también compone otras obras como su Allegro de Concierto, primera obra de piano de gran envergadura que presenta a un concurso cuyo premio, sin embargo, obtiene otro joven compositor llamado Enrique Granados. En 1903 conoce a Felipe Pedrell, musicólogo, compositor y pionero de la música nacionalista española, de quien toma clases de composición. Pedrell introduce al compositor gaditano en la búsqueda de un lenguaje universal para la música española, pero también le guía en un viaje hacia el Barroco español y las grandes corrientes universales.
“Lleno de alegría por encontrar ¡al fin! algo en España de lo que yo ilusionaba hallar desde el comienzo de mis estudios, fui a Pedrell para pedirle que fuese mi maestro, y a su enseñanza (...) debí la más clara y firme orientación para mis trabajos.”

Falla sigue con devoción a Pedrell y el fruto de sus enseñanzas fue la ópera La vida breve, drama lírico que, esta vez sí, obtiene el premio de la Real Academia de Bellas Artes en 1905 pero a pesar de que el premio era el estreno de la obra en el Teatro Real no se representa hasta ocho años después y en Francia. En esta ópera, la música andaluza tiene un papel fundamental pero Falla no lo utiliza de manera literal, sino que mezcla lo profundo del cante jondo con el verismo característico de la ópera italiana. La decepción por el estreno fallido de La vida breve hace que Falla se plantee abandonar España, por lo que acepta una oferta para realizar una gira por Francia como pianista acompañante y donde decide quedarse estableciéndose en París. Años más tarde, en una de sus numerosas cartas narra este hecho: “para cuanto se refiere a mi oficio mi patria es París.”

Se instala en la capital francesa en el verano de 1907 y tras unos inicios complicados donde trabaja como pianista para una compañía de teatro, conoce al compositor Paul Dukas, a quien interpreta al piano su ópera La vida Breve, entablando una gran amistad. Dukas le introduce en los círculos culturales de la ciudad y le presenta a otros grandes compositores como Isaac Albéniz, Claude Debussy o al pianista Ricardo Viñes, el cual le estrena en 1909 sus Cuatro piezas españolas para piano, primer gran éxito del gaditano en Francia. Falla queda fascinado con la vida cultural parisina, asiste a multitud de conciertos y se impregna de las nuevas tendencias musicales progresistas. Por mediación de Viñes conoce al otro gran compositor francés del siglo XX Maurice Ravel (protagonista del Entre Cuerdas y Metales 2025) y acaba siendo miembro del grupo cultural Los Apaches, integrado por ilustres como Stravinski o Picasso.

Desde París, Falla realiza viajes a Londres, Milán o Bruselas, ofreciendo recitales de piano y presentando su música. Pero los duros inviernos centroeuropeos le afectan a su frágil salud. Tras una revisión junto a Dukas y Debussy de la orquestación de La vida Breve, estrena la ópera en 1913 en Niza y posteriormente en París cosechando un gran éxito. Gracias a ello, consigue firmar un contrato con el editor Max Eschig para la publicación de sus obras. Cuando todo parece ir bien para Falla en París, siendo ya un referente musical internacional, con el estallido de la I Guerra Mundial se ve forzado a regresar a España.

Vuelve de nuevo a Madrid, donde estrena por fin en noviembre de 1914 La vida breve, siendo representada 26 veces más. Unos meses más tarde estrena sus Siete canciones populares españolas que había compuesto antes de partir de París. En esta obra utiliza melodías folclóricas españolas rearmonizándolas, siendo un sutil juego entre lo popular y las nuevas armonías. Comienza una fructífera relación laboral con el matrimonio Martínez Sierra, María y Gregorio, para los que Falla compone música para sus obras teatrales y con los que gira por toda España. Trabajos como Otelo, Amanecer o La Pasión fueron musicadas por el gaditano cuyas partituras fueron destruídas por el propio compositor al considerarlas sin importancia.

En 1915 estrenan en el teatro Lara de Madrid su mejor trabajo conjunto, El amor brujo, una obra mágica con el cante flamenco como hilo conductor. De nuevo Falla presenta una obra donde une la música académica con la música popular. Interpretada esta primera versión por Pastora Imperio, cantante y bailaora gitana que en palabras del propio compositor dominaba su música con una facilidad pasmosa. Es María Lejárraga la encargada del diseño de escenarios y el libreto, a pesar que durante muchos años le fue atribuido a su marido. El exitoso estrenorecibe críticas variadas, aunque en general favorables hacia la música. Una obra que permanecerá en revisión durante los 10 años posteriores.
“Hemos hecho una obra rara, nueva, que desconocemos el efecto que pueda producir en el público, pero que hemos «sentido».”

El verano de 1915 Falla lo pasa en Sitges, donde culmina su obra para piano y orquesta Noches en los jardines de España dedicada a Ricardo Viñes y estrenada en 1916. En los años de la I Guerra Mundial, España permaneció neutral, posición a la que el compositor se opone escribiendo artículos y firmando manifiestos junto con otros intelectuales. Pero gracias a esa neutralidad, a España llegan intelectuales de toda Europa influyendo en la cultura del país. Es así como Falla conoce al fundador de los ballet rusos Diaghilev y al compositor Igor Stravinski. Para la compañía de ballet de Diaghilev compone El sombrero de tres picos, una revisión de una obra anterior y que estrenan en 1919 en Londres, con decorados de Pablo Picasso, cosechando un éxito rotundo. El propio Falla escribe a Diaghilev: “Muchas felicidades por el gran éxito de los Ballets en Londres...y por el triunfo soberbio de los aliados. !Reboso de alegría!” Ese mismo año, por encargo del gran pianista  Arthur Rubinstein, comienza a componer su obra culmen para piano y para muchos cima del pianismo español del siglo XX, Fantasía Baetica, mostrando un lenguaje pianístico renovado que resume toda la etapa andaluza del autor y donde lleva al teclado los efectos de la guitarra flamenca y la pureza del cante jondo.

En 1919, tras el fallecimiento de sus padres decide volverse a su Andalucía natal, pero en este caso a Granada donde conoce al poeta Federico García Lorca con el que entabla una fuerte amistad. Allí termina su obra para guitarra en recuerdo a su amigo Debussy fallecido el año antes, Homenaje pour le Tombeau de Claude Debussy. Continúa trabajando en diversas composiciones, arreglos y escribiendo artículos periodísticos, al igual que participa activamente en la actividad cultural de la ciudad, creando junto a Lorca el Concurso de cante jondo de Granada, a la par que compone música para representaciones del poeta. 

En 1922 compone El Retablo de Maese Pedro, un teatro para marionetas basado en un capítulo del Quijote de Cervantes y musicalmente inspirado en fuentes medievales y renacentistas españolas, siendo su obra más representada en vida del propio compositor y contando en alguna de ellas con Luis Buñuel como director de escena. Unos años más tarde, estrena su Concierto para clavecín y conjunto de cámara dedicado a la clavecinista Wanda Landowska. Estas dos obras son un ejemplo del nuevo lenguaje musical y armónico de Falla, de clara inspiración neoclásica y alejadas de toda raíz folclórica.

A finales de los años 20 Falla es una persona muy reputada y recibe invitaciones para interpretar sus obras, homenajes y premios de Barcelona, París, Nueva York o Estocolmo, llegando incluso a ser condecorado como caballero de la Legión de Honor francesa. Con la llegada de la nueva década se haya inmerso junto a su discípulo Ernesto Halffter, en la composición que le acompañará los últimos años de su vida, Atlántida, una cantata pensada para ser representada y basada en el poema épico del mismo nombre y que había obsesionado a Falla desde su niñez. En Abril de 1931 llega la II República de la que Falla es partidario. Sin embargo muestra su preocupación por el rumbo que, en materia religiosa, lleva la Republica. A pesar de mostrar su disconformidad es nombrado miembro de la Junta Nacional de Música por el gobierno. Durante estos años, fue escritor de artículos en la revista católica Cruz y Raya y continuó componiendo música para sainetes, estudiando y formando a jóvenes músicos. Sin embargo se agravaron sus   problemas de salud tanto física como mental. En 1935 termina su obra Pour le Tombeau de Paul Dukas en homenaje a su colega compositor fallecido el año anterior.

Falla apoya inicialmente el golpe de Estado de 1936, creyendo que restauraría la paz y la moral cristiana, pero al estallar la Guerra Civil comprende sus terribles consecuencias, especialmente tras el asesinato de su amigo Federico García Lorca a manos de los golpistas. Falla se recluye en su casa apenado por la muerte y persecución de sus amigos, así como por la quema de iglesias, lo que afecta gravemente a su salud. Rechaza en varias ocasiones las ofertas del gobierno franquista para formar parte de sus instituciones y en 1939 decide abandonar España rumbo a Argentina tras aceptar un puesto en el Instituto Cultural Español de Buenos Aires, país en el que pasa el resto de sus días a pesar de los numerosos intentos de la dictadura franquista de traer al compositor de vuelta a España. 

La llegada al continente americano supone una liberación para Falla, mejorando incluso su salud. En noviembre de 1939 dirige sus primeros conciertos en el teatro Colón de Buenos Aires, donde incluye su nuevo trabajo Suite Homenajes. Debido a la guerra en Europa, ve mermados sus ingresos por derechos de autor, por lo que recibe ayuda de colegas compositores y exiliados españoles afincados en Argentina. Falla sigue trabajando en arreglos, orquestaciones,versiones de música renacentista y su gran proyecto Atlántida. Con más de 200 folios de partitura, se plantea el valor moral de componer música en un momento como el que estaba pasando la humanidad, sumado a sus problemas de salud que le impiden trabajar. Decide mudarse a Córdoba buscando mayor tranquilidad, donde recibe visitas constantes de amigos e intelectuales españoles como Rafael Alberti, pero su salud sigue siendo cada vez más débil. Su última residencia fue Alta Gracia donde muere días antes de cumplir 70 años, el 14 de noviembre de 1946, sin
acabar su obra más ambiciosa, Atlántida. Sus restos fueron trasladados a Cádiz en enero del año siguiente. El poeta y amigo Rafael Alberti escribe al visitar su tumba:
“Y ahora se halla aquí, en esta profundidad de Cádiz, rodeado de peces agitados que le inquietarán el sueño.”

El legado que deja Falla es el de uno de los mayores representantes de la música española de todos los tiempos. A pesar de no tener un catálogo de obras abundante, son cumbre del lenguaje nacionalista español, dándole validez universal. Trabajador exigente y curioso, fascinado por las melodías y ritmos populares andaluces, fue un investigador nato, mirando siempre hacia nuevos horizontes.
“Todo lo que pueda ser mejorado no está terminado"

Maurice Ravel
Cortesía del Archivo Manuel de Falla